Día del maestro

Ser maestro, es más que una profesión, es una carrera de vida, es amor, es entrega, es sentir, hacer, pensar… Soñar.

Educar es un privilegio, no cualquiera puede presumir que su materia de trabajo son pequeñas mentes con ganas de conocer, de sentir, de crecer; ser la persona que les guía en ese camino de descubrimientos, que es testigo de los logros y dificultades que se les presentan y sobre todo que es pieza fundamental en su formación. Es un regalo de la vida, un tesoro que no todos saben apreciar.

Un buen maestro no es aquel que sólo posee conocimientos, habilidades, actitudes y valores, es dueño también de una gran vocación, ejerce su profesión pensándola como una labor de amor, en donde cada paso que de impactará no sólo a nivel intelectual sino también afectivo en sus alumnos.

No se preocupa por sólo resolver los libros, cubrir su horario, cumplir un calendario. Un docente comprometido da más de lo que se le solicita, se involucra realmente con alumnos y padres de familia, deja un legado positivo en las vidas de quienes han formado parte de su trayectoria como profesional de la educación.

Tal vez lo anterior me haga parecer idealista, y probablemente lo sea, pero sí pedimos a nuestros niños que luchen por cumplir sus sueños, ¿por que no hacerlo nosotros?

Actualmente, vivimos en una etapa de incertidumbre, de temor incluso para algunos, de injusticia, nos sentimos lastimados, agredidos al formar parte de este gremio, nos preguntamos entre muchas otras cosas: ¿A dónde se ha ido el respeto por la figura del maestro?, ¿Por que los medios de comunicación se empeñan en señalarnos de forma negativa?, ¿Cómo es posible que los recursos que debieron haber sido destinado al magisterio se hayan esfumado en diversos rubros muy distintos al original?, ¿Quien está realmente evaluando?, ¿En dónde quedo la supuesta descarga de documentación?
Es una situación complicada, desmoralizadora incluso sin embargo, no debemos permitir que estos obstáculos nos alejen de nuestros objetivos, porque los menos culpables son nuestros niños, son ellos a quienes nos debemos, es por ellos que debemos seguir luchando, recordando siempre que la educación es el arma más poderosa para cambiar al mundo.

La vida de un maestro no es color de rosa, no somos ricos, al contrario, la mayoría de las veces de nuestro sueldo costeamos materiales, acondicionamos nuestras aulas, compramos cosas a nuestros alumnos, y no nos duele lo hacemos “por amor al arte”, a veces lidiamos con padres que piensan que la escuela es el único lugar en donde sus hijos se educarán en lugar de empezar en casa, se presentan diversas situaciones que alteran las relaciones humanas, bien dicen por ahí que “perro no come perro, pero maestro sí come maestro”.

A veces, aún siendo adultos, personas preparada, no tenemos la capacidad suficiente para comprender que todos podemos aprender de todos que nada es para siempre, que la envidia sólo destruye, especialmente quien la siente y manifiesta en lugar de quien la recibe y sobre todo que la edad y la experiencia no siempre son sinónimo de madurez.

Aún así, sí ponemos en una balanza lo anterior con todos los buenos momentos que se viven como maestros, creo que lo positivo tiene un mayor peso en nuestras vidas. Ver a mis niños aprender, sentir su amor puro y desinteresado, sus palabras honestas, ser testigo de su crecimientos valen más que todo lo negativo que pueda ocurrir.

Sólo tengo siete años en el servicio, es muy poco para algunos, pero en este corto tiempo he sido afortunada, tenido la oportunidad de trabajar en distintos contextos, en donde a pesar de las carencias, se puede hacer mucho cuando existen voluntad y ganas de salir adelante. Conocí la parte administrativa, tuve la experiencia de ser asesora en distintos cursos y diplomados, de formar parte de una escuela de excelencia; de rodearme de personas con visión, que son soñadores, maestros de calidad, grandes amigos que han fungido como modelos a seguir también, de adoptar, ser adoptada en una hermosa familia, de ser parte importante en el triunfo de mis alumnos en Olimpiadas del conocimiento… Dios me ha premiado connesta maravillosa profesión en la que ¡he crecido tanto! , como maestra, como mujer, como hija, como amiga, hermana e incluso como madre.

El 15 de mayo entonces, representa para mi una fecha sumamente importante, celebro contar con esta bendición, reafirmo que esto es a lo que quiero dedicarme toda la vida , que quiero ser mejor día a día y sobre todas las cosas… ¡Amo ser maestra!

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Con todo mi cariño y admiración…

40 años se dicen fáciles, pero son toda una vida, de entrega, de compromiso y sobre todo, de vocación.

Nos conocimos cuando tenía aproximadamente un año de haber llegado a la zona, en los consejos técnicos de directores; tal vez usted no se acuerde mucho de mi en ese entonces, yo era la jovencita que siempre estaba participando y que se reía de los comentarios de su esposo en cada tema que veíamos, pero yo sí me acuerdo perfectamente de usted, siempre tan distinguida, nos hablaba de la dinámica en su escuela y debo decir que a veces pensaba en como me iría sí llegara a trabajar con usted, sin embargo siempre pensé que pasaría muchísimos años antes de que tuviera la oportunidad de llegar a una de las escuelas de la cabecera.

Y mire las vueltas que da la vida… Sí pasaron años, pero muy pocos en comparación a los que yo pensaba, y tuve la oportunidad de llegar a la escuela a su cargo “Gral. Miguel Alemán”. Al principio me sentía intimidada, una escuela muy diferente en todos los aspectos a aquellas en las que había laborado previamente; sin embargo desde un principio me hizo sentir que ante las dudas que tuviera siempre me podría acercar a usted y resolverlas.

Después de un tiempo, usted no sólo se convirtió en mi directora, sino también en una guía y sobre todo en una amiga, me brindo la confianza para poder extender mis alas y desarrollar los proyectos que yo considerara eran apropiados para llevarlos a cabo con mis alumnos, siempre confió en mis capacidades y me invito a que diera más de lo que ya rendía, a que descubriera un potencial que aún no explotaba como debía de ser, a que fortaleciera mi vocación.

Aún recuerdo la primera vez que me dio el voto de confianza para ser docente de sexto grado, y la enorme satisfacción y lágrimas de emoción al saber que mi niña había ganado la etapa de zona y regional y nos íbamos al estatal, y cuando esta experiencia se repitió al siguiente ciclo escolar con mi niño y que tal vez, de no ser por algunas raras circunstancias hubiéramos repetido la experiencia juntas.

Usted tenía mucho tiempo “amenazando” que se iba a jubilar y creo que a todos se nos olvido que en cualquier momento podría hacerlo, cual fue nuestra sorpresa cuando anuncio que el día había llegado. Fue algo que no esperábamos, que nos dejo perplejos, que hasta el momento creo que no superamos. La escuela no es lo mismo sin su liderazgo nato, pero quienes estamos comprometidos con nuestra labor no dejaremos que el barco se hunda, quienes pronosticaron que la escuela se iría abajo sin usted, están muy equivocados.

Maestra Edith, como me hubiera gustado tener la oportunidad de trabajar juntas más tiempo, aprendí mucho de usted y me llena de orgullo saber que de igual manera lo hicimos una de la otra; le estaré eternamente agradecida no sólo por sus consejos, sino también por su amistad que continúa, por haberme abierto las puertas de su casa y de su familia, por quererme como yo la quiero también.

Me da muchísimo gusto compartir con usted esta celebración, va a recibir un reconocimiento más que merecido, por su entrega, dedicación, esfuerzo, porque es un ejemplo para los que la queremos y admiramos y sobre todo porque la escuela no sería lo que hoy es de no haber sido por su visión , tenacidad y capacidad.

Tiene usted todo mi cariño y respeto, como mi querida directora y además como mi queridísima amiga.
¡Felicidades!

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