Y simplemente… El amor.

El amor. Algo difícil de describir en un solo concepto, ¿no?. Lleno de complejidad, de distintas concepciones, nunca estático, siempre cambiante.

Cuando era niña, soñaba con el momento en el cual encontraría al “amor de mi vida”. Esa persona con quien tendría una conexión inmediata, me casaría, tendría dos hijos, un perro, una casa y una vida feliz a su lado por siempre y para siempre (Hello Películas de Disney!) Incluso, me acuerdo como le dije a mi mama “me voy a casar cuando tenga 21 años, y a los 25 ya voy a tener dos hijos”

Sin embargo con el paso del tiempo, la vida y las experiencias derivadas de la misma me hicieron cambiar esa idea. Hubo un momento en que pensé que el amor consistía en una dosis de ansiedad, otra de celos, una más de decir que sí aunque en realidad quisiera decir que no porque ¿que tal que se enojaba y me cambiaba por otra? Cuándo uno es adolescente nos dejamos llevar por tantas inseguridades, tantos miedos, sobre todo al de sentirnos solos en un mundo bombardeado por ideas preconcebidas sobre el amor y que muchos toman como su “ideal”.

Me mantuve así durante mucho tiempo, deje ir a alguien que tal vez sí lo hubiera valorado más las cosas hubieran sido distintas al final. El ha sido uno de mis grandes amores y a pesar de tanto tiempo hace unos meses cuando lo vi, aún a distancia mi corazoncito dio un salto. Se que es feliz y por lo tanto lo soy también.

Pero no todo ha sido negativo, han habido en mi vida personas que han dejado huella de manera positiva, pero que la vida y las circunstancias derivadas de ella nos han alejado. Aún así, son personas que brevemente dieron mayor alegría a mi corazón a pesar de ninguno haber ostentado esa etiqueta de “el amor de mi vida”.

Y entonces, los 21 años fueron y vinieron, y ese ideal que tenía cuando niña no se cumplió. Sin embargo, no me percate de ello hasta tiempo después cuando llegue a los 25 y dije “no tengo ni al amor de mi vida, ni a mis hijos, mi perro y mi casa” pero la falta de amor definitivamente no es mi caso.

Así me di cuenta que los conceptos que uno tiene sobre el amor de su vida pueden ser completamente opuestos a los 25 que el que tenías a los 15. Porque así como el mundo cambia a marchas forzadas, también lo hacemos nosotros, evolucionamos,nuestros ideales de transforman, a veces nos hacemos más realistas, cínicos incluso pero sin duda, aprendemos que el amor de nuestras vidas no necesariamente debe ser una persona, pero de ello, hablare más adelante.

Hace año y medio conocí a alguien, bajo unas circunstancias algo bizarras. Mi amiga que vive en Europa pero es colombiana, vivió en D.C cuando era joven y allí conoció a alguien, al mejor amigo de su entonces novio. (¿nada confuso verdad?) me comenzó a hablar de tal amigo y un día, nos presento como se presentan muchas personas hoy en día: a través de las redes sociales. El es un buen hombre, muy trabajador, hogareño, excelente padre. Alguien que sin duda mi versión de 15 años hubiera elegido para mi. ¿El gran inconveniente? La distancia de miles de kilómetros que nos separan. Hace tiempo dije que las relaciones a larga distancia ya no eran para mi, sin embargo me di la oportunidad de conocerlo, vino a verme y a pesar de la poca comunicación que se daba en ocasiones, me fui enamorando de el. Desafortunadamente , la distancia es difícil y a veces, el sentir segura a una persona no lo es todo, caemos en la comodidad, en sentir que ese alguien “ahí está para nosotros” y comienza la incertidumbre, el querer irse “con pies de plomo” y sobre todo, a veces las personas dejan que demonios del pasado ganen y saboteen las cosas. Amigos seremos siempre, es una persona muy valiosa, pero tristemente ni yo soy la mujer de su vida, ni el es el hombre de la mía. Simplemente así, sin nada más que decir.

Y entonces volvemos a lo anterior. Con el paso de los años, aprendí que el amor de mi vida no necesariamente debe ser una sola persona, es decir alguien más. Entendí que el amor de mi vida soy yo, porque sí yo no me quiero, como puedo esperar que alguien más lo haga y descubra la persona que soy, como lo puedo enriquecer así como el enriquecerá mi vida. No quiero sonar egocéntrica, esa no es mi intención en lo absoluto, pero siendo alguien a quien le cuesta tanto reconocer sus virtudes, el considerarme a mi misma como mi gran amor ha significado romper barreras, deshacerme de inseguridades, ver la vida con otros ojos.

Aprendí que amar no se limita a mi pareja, mis padres, mi familia,mi trabajo, mis alumnos, mis amigos, todos ellos forman parte de ese amor que hay en mi corazón, mismo que año con año se hace más grande para albergar a personitas que llegan a formar parte importante en mi vida. El sueño de la niña de quince años no se perdió, simplemente se transformo, y aunque a mis 29 mi corazón aún desea toparse en el camino de la persona con quien principalmente compartiré mi amor, el final feliz ya no dependerá enteramente de el.

Los Beatles alguna vez dijeron “todo lo que necesitas es amor”, y este comprende de todos los tipos, no sólo el de pareja. Es difícil de entender, pero no imposible.